De todos los dioses, el más gracioso era él, también el más terrible.
Y aunque nadie se le animaba, todos querían estar a su lado, sentir su presencia.
De lejos una luz que iluminaba, de cerca un fuego que te incineraba, nunca de la manera deseada.
Todos hablaban, hablan y hablarán de él, y es que ese color rojo intenso es la obsesión de la humanidad, esta puta humanidad.
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