lunes, 23 de septiembre de 2013

Canción del adiós

¿Cómo empezar esta carta? Esta carta que es canción.
¿Y cómo va a sonar esta canción? Si esa radio ya no tiene quien la encienda.

Antes de irte tomemos unos mates. Pero preparalos vos, a mi no me sale bien. Se me lava la yerba, me queda el agua fría. ¡Y eso que me lo explicaste mil veces, eh!
Antes yo escuchaba otra radio, la de la casa del rock. Pero con un poco de paciencia, grabaste en mi cabeza el dial de esa radio que escuchabas hace diez años.
Tipo familiero como pocos. Con qué puta ironía nos paga la vida a veces...
Ya que estás por allá, preguntale por qué hay que agitar tanto las cosas, por qué no pueden seguir su curso normal cuando todo está bien. Perdón, no quiero que la bronca le gane a la razón mientras escribo esta carta canción, o canción carta. Da igual....

Tengo una viejita conocida que anda por ahí, fijate si la encontrás. Cebale unos mates a la vieja que se va a poner contenta. Capaz hasta te hace unas empanadas dulces de carne, son una delicia. A mi me las hacía cuando yo era chico, me volvían loco.


Bueno, no te detengo más. Andá a tomar unos mates con tu viejo que te estaba extrañando, y no te olvides de escuchar el ataque ochentoso el viernes, eh!

¿Cómo va a terminar esta carta? Con un estribillo, como toda canción.
¿Y dónde va a sonar  esta canción? Prendé la radio, loco. Seguro la pasan.

Un abrazo amigo, nos vemos luego.

domingo, 14 de julio de 2013

Cuestión de perspectiva

Porque no nos queremos desviar del objetivo. Porque cuando la gente dice "solo el amor salvará al mundo", en el fondo saben que con eso no alcanza ni siquiera para empezar. Mientras el mundo se vuelva más y más berreta y careta cada día, el amor seguirá sin ser suficiente. Y claro, con objetivos errados es lógico que a la larga uno tienda al caretaje. Es la famosa carrera a ningún lado de la que todos hablan, la que todos conocen, y la que todos corren. Algunos creemos ser ajenos a eso; no podríamos estar más errados.

lunes, 7 de enero de 2013

Noche



Ahora que sus cuerpos solo se encuentran en deseos y fantasías, pareciera mucho más difícil controlar el  fuego que enciende sus sueños eróticos más intensos. Recordar el contacto de sus cuerpos transpirados, en una conexión natural e inevitable, casi necesaria. Esos cuerpos que fueron recorridos por sus manos, sus labios, de una forma única e infinitamente intensa. Recordar el sudor corriendo por su espalda, por su pecho, fusionándose con el mío, haciendo de ese momento el más fantástico y a la ves el más real, el más humano.