Ahora que sus cuerpos solo se encuentran en deseos y fantasías, pareciera mucho más difícil controlar el fuego que enciende sus sueños eróticos más intensos. Recordar el contacto de sus cuerpos transpirados, en una conexión natural e inevitable, casi necesaria. Esos cuerpos que fueron recorridos por sus manos, sus labios, de una forma única e infinitamente intensa. Recordar el sudor corriendo por su espalda, por su pecho, fusionándose con el mío, haciendo de ese momento el más fantástico y a la ves el más real, el más humano.

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