miércoles, 26 de septiembre de 2012

Piel

Solo por un momento, el tiempo se detiene y nuestros cuerpos se encuentran.
Esos cuerpos que vivieron su propia historia; una historia de noches, sudor y fantasía.
A quienes no les importa lo cotidiano del día a día, y no sufren desamores ni pierden vigencia.
Siempre que se cruzaron lo hicieron con pasión, con vehemencia. Acostados en esa cama, recorriéndose con los labios, deslizandose por las paredes transpiradas de sus cuerpos...
Las endorfinas los nutren, y ellos sienten ese placer. El placer de alcanzar ese punto sin retorno donde el mundo deja de existir y solo son dos cuerpos desnudos, unidos en un sexo infinito.

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